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Terapeutas

TerapeutasSigmund Freud, el insigne neuropsiquiatra austríaco, padre del psicoanálisis y uno de los personajes más influyentes del siglo XX, decía que el terapeuta debía comportarse como una “pantalla en blanco”. El terapeuta permanecería neutral con la esperanza de que los pacientes proyectaran sobre esa pantalla las grandes distorsiones de la transferencia (es decir, la manifestación viva de las antiguas relaciones parentales).

En algunos de sus escritos puede comprobarse que esto no fue exactamente así. Freud detenía a sus pacientes para hacerles sugerencias, hacía intervenciones y daba instrucciones.

Mucho tiempo después, la literatura sobre los resultados de la psicoterapia avaló la tesis de que el hecho de que el terapeuta se abra promueve que lo haga el paciente. El terapeuta fue abandonando las zonas sombrías de su propio gabinete, cesó en el empeño por mantener posiciones oscurantistas que le otorgaban un poder misterioso. El terapeuta era un ser pseudomágico ya que poseía un extraño saber acerca de los motivos inconscientes que explicaban los síntomas del paciente. Sus interpretaciones sobre ello parecían sacadas de una chistera.

Irvin D. Yalom ha defendido siempre que resulta muy productivo abrirse al paciente para hablar de los mecanismos de la terapia, los sentimientos respecto al “aquí y ahora” de la terapia e incluso sobre aspectos de la vida del terapeuta. La autorrevelación es un arma poderosa.

De aquella situación hemos transitado hacia concepciones más actuales basadas en la colaboración empírica entre terapeuta y paciente. El paciente, aunque siga utilizándose este término, ya no “espera paciente” a que el terapeuta regrese de las sombras con la mágica interpretación que habrá de eliminar su síntoma. Ahora el terapeuta trata de proponer al paciente un papel activo en su tratamiento.

Esta idea es crucial. Esta forma de entender la terapia lleva un mensaje implícito. El paciente, en muchos casos anclado en su vida a posiciones emocionales de interdependencia en el sistema familiar o de pareja, encuentra en el terapeuta lo contrario de lo que ha venido encontrando a lo largo de su vida. Encuentra a otro ser humano que está dispuesto a ayudarle pero que le insta a la madurez, a la autonomía, a la independencia y a la toma de decisiones.

© pedro rico – psicólogo clínico

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