Tengo un dolor

dolorDiré antes de nada que el dolor no se “tiene”, como no se “tiene” una depresión. El dolor se experimenta. Y nosotros, los psicólogos clínicos, los psicoterapeutas y los profesionales de la salud mental, no trabajamos estrictamente con el dolor sino con “la experiencia del dolor”. Y sí, me atrevo a afirmar que ésta es modulable.

Nuestras madres, con su mejor intención, nos decían que no pensáramos en el dolor, formaba parte aquel consejo con tintes de mandato de la manida filosofía de la distracción o, si prefieren los tecnicismos, distracción cognitiva.

Los budistas, los meditadores, algunos terapeutas de última generación, afirman que esa filosofía es una trampa y que, con excepciones, ante un dolor lo que conviene es atender plenamente a la experiencia de sentirlo. Esto es, localizarlo, reconocerlo, atender a él aunque a uno le sobrevengan pensamientos más o menos relacionados con él. Al hacerlo, cambia. El dolor no es constante. Nosotros no somos constantes. No es un hecho inamovible, como tampoco lo es un pensamiento. Un pensamiento puede ser mucho más doloroso que una sensación física. Dice la sabiduría popular que no hay peor dolor que el proveniente del alma. En este foro cuando hablamos de alma hablamos siempre del alma aristotélica, de la psique.

Para hacerme entender, diré que la psicosomatización es una suerte de creencia que afirma que conflictos emocionales que superan a la persona se expresan de un modo físico. Son dolores para los que la medicina no encuentra causas, dolores que no dejan rastro. Se descarta en esos casos el origen orgánico del síntoma y se abren en ese instante dos vías explicativas: Una afirma que las personas se aferran al papel de víctima y que con la bandera del dolor en la mano esquivan obligaciones; la otra es más compleja, más abierta, afirma que la experiencia del dolor es un fenómeno al que conviene acercarse multidisciplinarmente y de un modo integral. Aunque como profesional me inclino más por transitar la segunda vía, me preocupa el chamanismo que puede alzarse en torno a ella. Por eso trato de ser muy moderado en mis afirmaciones al respecto. Desde la primera vía se afirma que la fibromialgia, por poner un ejemplo actual, sería la versión moderna y medicalizada de la histeria clásica.

© pedro rico- psicólogo clínico asturias

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