Si hubiéramos sido Alain Delon…

nuestra historiaSi hubiéramos sido Alain Delon…

Mi gran amigo Andrés está de visita en NY City. Entre vinos escribió el otro día desde Greenwich Village que le hubiera encantado vivir otras vidas. Yo le dije, fue casi impulsivo, que su herida narcisista era tan grande que quería vivir lo imposible. Su novia le dijo que ambos estábamos desvariando.

Hace unas semanas conocí a una persona de mi edad en una boda. Un tipo poco mayor que yo que ha llevado una vida diferente. Tuvo cierto contacto con vidas exquisitas o, mejor dicho, atraídas por lo exquisito. Hablamos de La Gran Belleza, de España, de Gran Hermano, del reggaeton, del fútbol, de los políticos, de los tóxicos, del arte, de la elegancia…Sobrevolamos muchos temas. Crecer, el tiempo, las mujeres, la sensibilidad artística, el estrés, la familia. Fue un estímulo encontrarle. Son los demás, en muchas ocasiones, los que nos estimulan. Imitar no solo es permisible sino que a veces es deseable.

De pronto, me acordé de Alain Delon, un mito en la época de mis padres. Es uno de los pedazos, esparcidos por cajones como uno en que revolvía de niño y que más tarde fue mío, de todos los símbolos que heredé de ellos. La canción francesa e italiana que sonaba en el casete del Renault clio que serpenteaba hasta Galicia, Brigitte Bardot, Omar Sharif, Michael Caine, Lo que el viento se llevóAline, la transición, la pana, el tabaco, la luz estrictamente amarilla de las lámparas, el piloto rojo en el cuarto de revelar, los bolígrafos, los libros, los churros, Ágatha Christie, Hitchcock, Cecilia, los abogados de Atocha, los nombres de algunos locales de moda en los 70 y 80 en Oviedo, cruzar las piernas al permanecer sentado, Brando y De Niro, Catherine Deneuve, Paul Newman, Memorias de África, Cantinflas, Poseidon, el musgo, El Graduado, Arde París, Polanski. Después lo mezclé todo con la idea, construida gracias a sus testimonios, que yo tengo de cómo fueron sus vidas en un tiempo, sin duda, más elegante y más profundo.

Alain Delon triunfó cuando mis padres tenían unos diez años. En los 60 fue uno de los actores europeos que dejaron como impronta una masculinidad de escuela.

Fue referente para el director italiano Visconti, pareja de Romy Schneider y de la cantante alemana Nico y regresó en 2008 al teatro. Desde muy pronto se dedicó también al mundo de los relojes, las gafas y a promocionar boxeo.

En 1984 se estrenó Nuestra historia de Bertrand Blier  y ganó dos premios César al mejor guión original y a la mejor interpretación masculina para Alain Delon.

Mientras me acordaba de Alain Delon y de mis padres pensé que la nostalgia de tiempos previos a uno mismo puede darse en las personas. Algo así como cuando estás en mitad del ruido que genera el tumulto y el bullicio de lo cotidiano y sientes desapego. Y durante unos segundos puede uno sentir eso tan relatado de que se equivocó de época. Y eso es porque hay sensibilidades que ya no son de esta cultura o al menos de la cultura convencional. De aquella elegancia y sensibilidad del Siglo XX que ahora añoramos mientras vemos a unos tíos en bolas en una isla decir tonterías. Esta falta de todo y esta explosión de nada está en la política, en la televisión.

Entonces volví a mi amigo Andrés y a su paso por la Gran Manzana. Pensé en Woody Allen y lo que quería decirnos en Midnight in Paris. Y caí en la cuenta, para mi alivio, de que gracias a la nostalgia de algunos no todo está perdido.


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