La terapia de reducción de estrés basada en la atención plena o mente plena (Mindfulness- based stress reduction) ha sido formalizada en los últimos años por el médico Jon Kabat-Zinn.

Tomando principios de la sabiduría ancestral budista ha venido, junto con sus colaboradores, dando a esa sabiduría un formato moderno y aplicable a diversas patologías del ámbito de la salud.

Atención pelna

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Su equipo ha sacado a la luz en los últimos años publicaciones que describen el efecto beneficioso de la atención plena al momento presente en depresión, ansiedad o dolor crónico.

Si uno es capaz de recordar, puede encontrar algún momento reciente o no tan reciente en su vida durante el cual vivió plenamente el presente. Pueden ser unos segundos o incluso un rato durante el cual la mente no volvió al pasado ni anticipó el futuro. Ese descubrimiento puede llevar a una práctica que, entrenada formal e informalmente, alivie el sufrimiento que conlleva la culpa, el miedo o la ansiedad.

Mientras uno medita o atiende al momento presente (meditar no es “dejar la mente en blanco”) el diálogo interno de nuestros pensamientos (“el piloto automático”) se detiene y aparece un espacio en la consciencia que es saludable en si mismo. Mientras uno atiende plenamente al alimento que está comiendo, a la respiración (ancla por excelencia al momento presente), a los sonidos o a cómo está uno caminando, no está uno perdido en ese diálogo interno muchas veces dañino.

La clave de la práctica consiste en darse cuenta mientras uno trata de atender de a dónde ha ido su mente y acto seguido volver a atender al momento presente. Suele decirse que meditar es hacer una cosa cada vez. Hasta conseguir desarrollar esa capacidad hay un largo camino  durante el cual se pueden obtener beneficios. Simplemente ser un poco más consciente es ya un paso hacia la mejoría.

El entrenamiento de esta destreza, al que muchísimas personas en el mundo ya se han entregado, no solo tiene beneficios a corto plazo sino muy a largo plazo. Puede uno aprender a detenerse y respirar, a ser consciente de cómo los pensamientos interaccionan recíprocamente con las emociones y con las sensaciones corporales en lo que se ha llamado triángulo de la consciencia.

Si un pensamiento, que no es lo mismo que un hecho, nos está atormentando y atendemos a lo que en ese momento elijamos, ya sea al paisaje, al caer del agua o a lo que nos están diciendo, podemos comprobar que al volver a ese pensamiento la perspectiva ya no es la misma; nosotros ya no somos los mismos (“Uno no se baña dos veces en el mismo río”).

Es importante tener la capacidad de recordar para tener un bagaje afectivo o para aprender y es necesario muchas veces anticipar para planificar o para prevenir. Sin embargo, el único momento que de verdad tenemos es el momento presente y yo diría que hay una cierta obligación de intentar vivirlo plenamente. También si es un momento desagradable. Esto tiene mucho que ver con la aceptación, no una aceptación resignada sino la aceptación de lo que no puede cambiarse en contraposición a la evitación puesta en marcha muchas veces por los seres humanos como solución que no hace otra cosa que perpetuar el problema.

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